Inici Territori cultural Juan Ignacio Pérez: «Ya conocemos la fecha de la venta y el precio de las biblias del Papa Luna»

Juan Ignacio Pérez: «Ya conocemos la fecha de la venta y el precio de las biblias del Papa Luna»

per Redacció

Juan Ignacio Pérez, archivero de la Catedral de València desvelará el último fin de semana de septiembre en el Simposium todos los entresijos de la compra de ejemplares de la biblioteca pontificia de Peñíscola por la Catedral en el siglo XV

¿En qué momento histórico y circunstancias adquiere la Catedral estos fondos ‘del Papa Luna’?, ¿Se sabe cuando costaron y cómo fue la operación?

Determinadas fuentes historiográficas entienden que la compra de la denominada Biblia de los Papas de Aviñón y que, en realidad se trata de un Comentario a las Sagradas Escrituras formado por 22 volúmenes, por parte de la catedral de Valencia se realizó cuando Benedicto XIII, acuciado por una severa precariedad económica, decidió desprenderse de parte de la Biblioteca que había conformado en Peñíscola con las obras que había trasladado desde Aviñón y otras adquiridas ya en tierras valencianas.

Cierto es que el papa Luna pudo propiamente donar, cambiar o vender algunos ejemplares de su librería, pero sin embargo, tal y como certifican documentalmente algunos autores, fue tras la muerte de Pedro Martínez de Luna en 1423, durante el pontificado del último de los papas cismáticos, Clemente VIII -Gil Sánchez Muñoz (†1447)-, cuando la biblioteca pontificia se dispersó. En dicho periodo las rentas del papado disminuyeron de forma determinante, por lo que Sánchez Muñoz tuvo que pagar a las personas de su servicio incluso con libros.

Bajo la dirección del canónigo archivero y bibliotecario de la Catedral de Valencia, por Vicente Pons, y del también profesor de la Universitat de València, Francisco Gimeno Blay, desarrollamos una investigación con la que se pretende avanzar en el conocimiento de los códices del Archivo catedralicio y, más concretamente, de los manuscritos que en su día formaron parte de la Biblioteca pontificia de Aviñón y, más tarde, de la librería que Benedicto XIII conformó en la espléndida fortaleza de Peñíscola

El estudio de la documentación ha dado sus primeros frutos, pues conocemos ya la fecha de adquisición de la obra completa e incluso el precio pagado por la misma. En la actualidad ultimamos un artículo en el que se presentarán los resultados del estudio en cuestión.

¿Ha cambiado la percepción de la gente sobre los textos sagrados ?, ¿en qué momento se les hace objeto patrimonial en lugar de texto de culto

El aprecio por la palabra escrita y el interés por conservarla se remontan a los albores de la propia historia. El cristianismo se ha preocupado desde su nacimiento de la transmisión de las Sagradas Escrituras -que contienen la palabra de Dios revelada-, pero también de las exégesis o interpretaciones que de las mismas surgían de la inspirada pluma de los Santos Padres, doctores de la Iglesia y hermeneutas con el objeto de instruir a los fieles y ofrecerles luz en su búsqueda de la Salvación. Para ello se sirvió pronto del libro, y en particular del formato códice, algunos de cuales constituirían verdaderas joyas bibliográficas, propiciando consiguientemente el deseo de conservarlos.

Desde que en el s. XIII se reinstaurara la sede valentina, la Catedral ha procurado adquirir ejemplares de las obras más relevantes del ámbito de la Teología, pero también del Derecho o la Filosofía. Asimismo, ha aceptado gustosamente las donaciones que eclesiásticos y seglares han efectuado a lo largo del tiempo.

Ya en 1476 la biblioteca contaba con alrededor de doscientas obras de temática y procedencia diversa, a las que habría que sumarse, por supuesto, una cantidad considerable de libros litúrgicos. En ciertos legajos del Archivo se documentan las obras que se hicieron para adecuar la biblioteca catedralicia, la compra de algunos ejemplares, el pago de los salarios a los bibliotecarios, etc.

¿Qué características propias tienen estos ejemplares?

Los Comentarios a la Biblia procedentes de Aviñón contienen escenas ricamente policromadas, sobre todo en su inicio, pero también bellas letras capitales e iniciales, tanto historiadas como agrandadas, calderones y títulos. Destacan, asimismo orlas con elementos fitomórficos, zoomórficos y antropomórficos. Cabe mencionar que continuamente aparecen representados los escudos de armas de los comitentes de la obra: los papas Clemente VI (papa entre 1342-1352) e Inocencio VI (1352-1362).

Por desgracia, algunos de estos códices han llegado a nosotros mutilados: muchas de las miniaturas fueron, hace varios siglos, vilmente recortadas.
Usted participa próximamente en el Simposium sobre la figura del Papa Luna en Peñíscola. ¿Qué podremos oírlo decir y qué le parece el trabajo que está haciendo la asociación de amigos?

Como el propio título de la ponencia que presentamos al Simposio indica, trataremos de los Manuscritos del Archivo de la Catedral de Valencia procedentes de la Biblioteca Pontificia de Peñíscola, atendiendo por supuesto a la historia y ornamentación de los mismos, especialmente relevante en el caso de la Biblia de los Papas. Para ello, se hará mención de las fuentes bibliográficas y documentales utilizadas por los historiadores que nos han precedido, punto de partida de la investigación desarrollada por el Archivo capitular desde hace unos años.

Deseo felicitar a la Asociación Amigos del Papa Luna por la impecable, a la vez que necesaria, labor que realizan en favor de la restitución de la figura de Benedicto XIII al lugar que merece. Buena muestra de ello es la organización del presente Simposio, en el que expertos de disciplinas diversas se reúnen con el objeto mostrar al público en general determinados aspectos de la vida y obra de este aragonés universal.
Se ha mitificado mucho la figura de Benedicto XIII sobre la cabezonería. ¿Cuanto hay de cierto en la insistencia de la legitimidad y cuanto de ansia por el poder? ¿Era un idealista o un estratega?

Tras la repentina muerte en 1378 de Gregorio XI, pontífice que decidió el regreso de la Curia pontificia a la Ciudad Eterna (donde, como nos dice el profesor Cuella en el primero de los volúmenes del Bulario Aragonés de Benedicto XIII, había sido recibido “con gran alegría el 17 de enero de 1377”), fue elegido papa Bartolomé Prignano, quien asumiría el solio pontificio con el nombre de Urbano VI. Su elección y gobierno fueron pronta y duramente cuestionados: tan sólo unos meses después, un nuevo cónclave reunido en Fondi eligió a Roberto de Ginebra, Clemente VII, iniciándose el Gran Cisma, el Cisma de Occidente.

Con el fallecimiento de éste, en 1394, sería Pedro de Luna el elegido para ocupar el papado. Los intentos de conciliar ambas posturas no fructificarían por diversos motivos. Roma creía en su legitimidad. Aviñón también. El final es conocido, el pontífice aviñonés pierde con el tiempo el apoyo necesario para su sustento, y se consume finalmente en tierras castellonenses. La causa romana vence y los representantes de la opuesta serían considerados antipapas.
Hay tesis que vinculan el Cáliz de la Catedral de Valencia con el Papa Luna. ¿Se tiene constancia de que la reliquia estuviera en Peñíscola en algún momento?

Según tengo entendido, no hay constancia documental de que el Santo Cáliz estuviese en Peñíscola.

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