Inici ExpressBENICARLÓ Esther Jovaní Roda: “Las mujeres hemos estado de subalternas para el mantenimiento de la vida, silenciosas y invisibilizadas”

Esther Jovaní Roda: “Las mujeres hemos estado de subalternas para el mantenimiento de la vida, silenciosas y invisibilizadas”

per Alicia Coscollano Masip

“Estamos bajo un ordenamiento jurídico redactado por hombres plenamente convencidos de su verdad”

“El maltrato psicológico modifica la capacidad de pensamiento libre, mutila la evolución personal e infantiliza a la mujer”

 

 

alícia coscollano i masip

 

Esther Jovaní Roda fue cofundadora del primer colectivo feminista que existió en Benicarló. Estamos hablando de los primeros años de la década de los 80, y ya entonces fue la encargada de organizarlas primeras jornadas feministas alrededor del 8 de Marzo. En 1986 entró a formar parte de los profesionales que desarrollaban su trabajo en la primera Casa de Acogida para Mujeres Maltratadas de Castelló, una de las cuatro primeras que se implantaron en todo el Estado. Desde entonces ha permanecido a lo largo de más de tres décadas trabajando en este ámbito. Continúa siendo activista del movimiento feminista e imparte información sobre qué es y qué implica el acompañamiento a víctimas de violencia de género. En el año 2016, el Ayuntamiento de Castelló reconoció su incansable labor con un reconocimiento: Dona de l’Any a la Trajectòria de LLuita.

 

¿Cómo se vivía el movimiento feminista en Benicarló en los primeros años de la década de los 80?

En aquellos años no había asociaciones de mujeres de ningún tipo. Fue cuando surgió el Grup de Dones de Benicarló. El Ayuntamiento subvencionó las jornadas que organizamos en los años siguientes, en torno al 8 de Marzo, por primera vez en la historia de Benicarló. Emocionante, porque a colación de la organización de algunas de las charlas cerradas a los hombres, se abrían unos debates en la localidad dignos de recordar.

Ha sido en Castelló, ciudad en la que resides desde siempre, en el espacio en el que has podido encontrar más posibilidades para trabajar en el entorno de mujeres víctimas de maltrato.

Sí. En 1984 entré a formar parte de las reuniones que se llevaban a cabo en Castelló en las que se debatía cómo debía ser un refugio de mujeres maltratadas. En 1986 entré a formar parte del equipo de la cuarta Casa de Acogida para mujeres maltratadas del Estado, creada por el Ayuntamiento de Castellón

¿Cuáles son las asociaciones o colectivos con los que tienes vinculación en esta ciudad?

En este momento pertenezco al colectivo feminista En Clau de Dona y de la Asamblea Feminista 8M de Castelló, donde están representadas otras formaciones feministas como Dones en lluita, Subversives, con las que tenemos una estrecha relación, así como también con Dones del Grau de Castelló, Adona’t, Coordinadora Feminista de Castelló.

 

¿Cuál es tu bagaje personal en estas dos temáticas, tanto en el ámbito del feminismo como, específicamente, en el maltrato hacia las mujeres?

A partir de 1986 dediqué toda mi formación en esa dirección. Había todo por hacer. En Castellón me uní al movimiento feminista desde la secretaría de la mujer de CC.OO. Desde la que organizaba jornadas formativas sobre feminismo. La lucha de todos los frentes abiertos, como la modificación de la ley del divorcio o la legalización del aborto.

Por otro lado, estudié Derecho y posteriormente Trabajo Social en el Ministerio de Trabajo y Servicios Sociales. Además, como experiencia académica, he estudiado Criminología en la Universidad de Alicante; Agente de Igualdad en la UJI de Castelló; Máster en Investigación Aplicada en Estudios Feministas, de Género y Ciudadanía; Terapia Familiar Sistémica en el Centro de Terapia Familiar Sistémica de Barcelona; Psicoanálisis y Mujer (Grupo Cala, de Castelló), en el CEPIP- MADRID

Finalmente, y por interés personal, he estudiado mediación, penal y penitenciaria, civil y mercantil. También Mediación Familiar. Es a través de esta vertiente que ocupo la vicepresidencia del IVMED y el turno de mediación intrajudicial.

 

 ¿Crees que es posible ser mujer y no ser feminista?

La realidad nos responde esta pregunta. La gran mayoría de mujeres no lo han sido nunca, ya que somos fruto de una conformación de estructura patriarcal. Desde hace poco más de doscientos años hay momentos históricos donde se hace visible el malestar de las mujeres y, además, se ha ido modificando el análisis filosófico en que siempre ha sido conformado el ser humano, representado por el modelo androcéntrico (masculino) que impera en cada etapa de la historia. La mujer es representada como un ser subalterno, según las necesidades de quien domina la estructura social, articulando tácticas siempre adecuados a su estrategia de mantener el poder de dominación. No es fácil mantenerse feminista en estas condiciones ambientales concretas. Pero cada vez hay más mujeres que tomamos una mayor conciencia y eso irá en aumento.

¿Qué mito se ha creado alrededor del feminismo que te molesta especialmente?

Permanecen antiguos mitos, como que el feminismo es lo contrario del machismo, o el del hembrismo, y surgen nuevos como el de feminazi, es porque hacen el servicio de salvapantallas para quien no quiere ir más allá y conocer.

Personalmente, estas alturas, pocas cosas me molestan especialmente. Aunque, si tuviera que elegir, no me gusta que se pretenda afianzar el sub-concepto de ideología de género. Primero porque es acientífico y puede confundir a jóvenes que comienzan sus investigaciones, tanto en la academia como en la vida. Conceptualizar erróneamente destituye el rigor metodológico imprescindible. En segundo lugar, porque sobrecarga a las feministas intentando desmontar más patrañas. Hay suficientes debates abiertos dentro del propio movimiento, porque es pura dialéctica constante, como para tener que estar desmontando ridículas teorías que en nada enriquecen al debate.

¿Cómo prefieres denominar la violencia que sufren las mujeres? ¿Machista, de género, intrafamiliar?

Machista. Violencia intrafamiliar o doméstica denomina la que hay dentro de una relación de parentesco en convivencia. Se día de esta manera, antes cuando una mujer sólo era vista en relación a su función, de esposa, madre, hija o hermana, carente de entidad propia como sujeto de derecho.

El «género» como concepto es una transposición forzada del anglosajón, en la que gender refiere a los sexos. En las lenguas latinas ha de ir acompañado de más palabras, y un contexto, para aclarar de qué se está hablado, para no confundir sus diferentes acepciones. En cualquier caso, en la segunda mitad del siglo pasado la universidad comenzó a introducir el concepto de perspectiva de género para redefinir lo filosófico, político, social, histórico tradicional. Violencia de género es un derivado, que ha servido para conceptuar la violencia contra las mujeres por el mero hecho de serlo, que en nuestro ordenamiento jurídico ha definido uno de los tipos, pero no todos.

¿Vivimos en una sociedad culturalmente violenta?

En términos generales, cualquier respuesta sería inexacta en términos de rigor científico. Los conflictos interpersonales han sido invadidos por la panpenalización populista desde los noventa, y se pretende que creamos en esta

Aquel hombre que, recostado en el portal de un bar, me dijo «qué bocado le daba yo a esta corderita tan tierna» cuando contaba doce años de edad, nunca habrá imaginado que durante años cruzaba de acera si veía un bar de hombres. Como éste, podemos contar millones, como se demostró con el hastag #Cuéntalo impulsado por la periodista Cristina Fallarás solamente en nuestro entorno occidental. La indiferencia social viene siendo la causa, y su multiplicador, de la violencia interpersonal. Condenado el hombre de esta historia, sin cambiar la cultura bajo la que nos relacionamos, otro vendrá a sustituirle, porque la violencia es, en todo caso, refutación del intercambio de equivalentes.

Mientras no haya equivalencia entre los seres humanos, no se puede decir que vivamos en una cultura de paz.

 

¿El maltrato psicológico, es el paso que precede a ejercer violencia física contra una mujer?

Depende de qué tipo de agresión se dé y la relación o el vínculo entre la víctima y el victimario. Una agresión sexual por parte de un victimario desconocido no ha requerido maltrato psicológico anterior. Debemos tener en cuenta la consciencia de que pueda ser la víctima de maltrato psicológico, ya que influye en su percepción el medio en que esta violencia se da. En lo concreto de una relación de maltrato continuado, siempre ha habido psicológico, psíquico y moral que lo ha precedido.

 

¿Cómo influye el maltrato psicológico?

Modifica la capacidad de pensamiento libre, mutila las posibilidades de evolución personal de la víctima. Infantiliza a la mujer, puesto que ése es el lugar y la opción que, al predominar en el sistema, incluso en el de protección a víctimas, es percibido como conducta de autoprotección. Tenemos, en general, en la retina imaginaria la idea de mujer maltratada con actitud sumisa y doliente.

 

¿Cómo se detecta un caso de maltrato? ¿Se suele pedir ayuda, o no siempre?

Existen protocolos de detección en los servicios sanitarios que están funcionando adecuadamente. En los Servicios Sociales, por lo general, la experiencia y formación de las trabajadoras sociales y psicólogas tienen recursos de detección desde hace mucho tiempo y ahora existen ya coordinaciones entre los mismos y otros servicios públicos. Más a partir de la disposición de las profesionales que por una red institucionalizada. Se está intentando implementar otros en el sistema educativo, pero aún está verde, además de que ello requeriría dejar establecido que formara parte del personal de cada institución educativa una profesional que se pudiera hacer cargo de muchas situaciones que tienen vertiente socio-familiar o, incluso, criminal, que llegan a desbordar a docentes y equipos directivos de los centros escolares de todos los niveles.

Cuando se detecta una víctima de violencia machista, la forma de proceder diverge según diversos factores que no vamos a desplegar ahora, pero lo que hay que tener del todo presente es que la denuncia no es un fin. La denuncia tranquiliza más a profesionales que a víctimas. En no pocas ocasiones no es sino el final del trayecto de la mujer agraviada. Siempre ha de servirse de la misma en tanto que recurso, un recurso de máximo valor pero recurso al fin y al cabo dentro del proceso propio.

 

¿Qué pautas o que camino puede seguir una mujer maltratada para recibir atención?

Pedirla. Para lo que, primero, ha de saber que existen lugares y personas que están dispuestas para ello y para ella. No es una obviedad esto que digo. La gran mayoría de las mujeres, tanto víctimas como voluntarias que quieren ayudar a la víctima, que frente a una situación concreta de crisis no saben si deben llamar a la policía, si dentro de este cuerpo policial existe en su población una sección especializada en violencia de género.

En realidad, una mujer que ha sido agredida, en cualquiera de los tipos de agresiones contra las mujeres y niñas por parte de uno o más hombres, tienen el derecho de ser atendidas en cualquier institución pública, porque si no es la certeramente adecuada están obligados a atender y poner en conocimiento a la autoridad o profesional competente, según el Convenio de Estambul vinculante para todos los estados firmantes, entre los que nos encontramos.

 

¿Qué síntomas presenta una mujer maltratada?

Continuamos hablando de una mujer que ha sido maltratada por su pareja. Dependerá del momento en que haya tomado la decisión de pedir ayuda. Lo más básico es conocer el círculo de la violencia de Leonor Walker, que es sobradamente estudiado en cualquier formación sobre el tema.

Haciendo una indecorosa generalización, si la mujer ha salido en plena fase de estallido, se detectará fácilmente por sus manifestaciones, a veces paradójicas o incongruentes, emocionales de afectación o de bloqueo, su predisposición a dejar su situación en manos de otros, puede presentar su relato con poca estructura y mostrarse renuente a tomar decisiones. Si pide ayuda en medio de la fase llamada de arrepentimiento, estamos ante una persona que ha tomado una decisión de ruptura. En estos casos suelen tener muchas preguntas, puesto que ya han podido formular un discurso propio, han hablado consigo misma, a partir del cual necesitan ir componiendo el puzle del camino que, creen, han de seguir. Aquí se muestran signos de tristeza, de duelo. Si salen en la fase de acumulación de tensiones, ha sido el miedo el que ha tomado la decisión y se pueden presentar signos de alta tensión, nerviosismo y desconfianza. Quieren huir, pero no decidieron llegar al lugar donde ahora están. No existen evidencias más allá de lo que de ellas sepamos escuchar. Nadie sabe tanto sobre su situación como ellas mismas. No son personas sin capacidad para resolver, ni pacientes con ninguna disfunción a priori, actúan de manera normal en su situación, y es lo primero que se les debe hacer llegar para que se sientan legitimadas.

 

¿Por qué existen mujeres que retiran las denuncias?

Porque el sistema no las reconoce. Un problema político, social y cultural que afecta a las relaciones interpersonales no tiene la solución en un sistema judicial construido en el siglo diecinueve, en un período ideológicamente conservador y plena eclosión de un capitalismo en auge. El derecho y todos los sistemas que dependen de un estado están engarzados para la protección de quienes pretenden perpetuarse. Es de perogrullo. Estamos bajo un ordenamiento jurídico redactado por hombres plenamente convencidos de su verdad. Nuestros sistemas judiciales son resultantes estructurales de lo que representa la foto de un Consejo General del Poder Judicial de la inauguración del curso 2020. Son todo estructuras androcéntricas, hechas por ellos y a su imagen y semejanza, en las que el sujeto de derecho es hombre. Se lee en el articulado de cualquier código o ley, no lo digo yo.

Si las reconociera, no se le daría tanta importancia al hecho de que una denuncia es un acto del que cualquiera se puede retractar, como sucede en todos los ámbitos del sistema jurídico.

No se sienten respetadas. Se les ofrece protección si se considera, según el Viogén, que son caso de riesgo medio, alto o alto extremo. Se les abre una ficha, un historial, se les pregunta en la dirección de buscar la veracidad de su relato, sin que nadie les haya explicado que sus intereses entran en colisión el principio de presunción de inocencia. Nadie les procura una recepción adecuada para los diferentes tipos de entrevistas. Creen que les van a ayudar cada vez que un operador funcionario o profesional inician las preguntas. Esto requiere que sepa, antes de comenzar, qué puede esperar de este concreto servicio y qué no se le podrá ofrecer. Qué objeto tienen el tipo de preguntas que se le van a formular, además de contestar a las dudas que pueda tener respecto del propio acto de dicha entrevista. No se les dedica el tiempo necesario, cuando van a poner la denuncia, que está relacionado con el tiempo lógico de cada una de ellas, más que con el cronológico de la oficina o la profesional que atiende.

 

¿Podrías indicar cuál suele ser el perfil de un maltratador, desde tu experiencia?

 

No trabajo directamente con ellos, pero en tres décadas, aun habiendo cambiado formalmente la concepción de la violencia contra las mujeres, todos presentan la desesperación de no conseguir mantener cosificada a la mujer que, en su imaginario, está representando su ideal. Se siente con el derecho, muy comúnmente orgullosos de su proceder, inalienable de mantener sus cuitas en lo privado. Se presentan como víctimas, tanto de la conducta de su pareja. Lo pueden hacer porque, generalmente, así se lo ha hecho creer durante mucho tiempo a la víctima. Razón por la cual ésta ha tardado más tiempo en tomar contacto con la realidad.

 

¿Has vivido algún caso en el que una mujer haya demandado ayuda y no se haya podido hacer nada por ella?

Siempre se puede hacer. Otra versión es que no se ha sabido hacer nada por ella. Si la pregunta va dirigida hacia los casos en que la víctima, a pesar de ofrecerle ayuda, ha vuelto con el maltratador, sí. Las cuantificaciones de las primeras Casas de Acogida para mujeres maltratas era similar en todas. Un cincuenta por ciento de las mujeres volvían con su agresor. Esto solo nos dice que estamos poniendo el ojo en objetivo equivocado. Que seguimos pensando que el maltrato hacia una mujer es una cuestión privada de la que puede salir ella con solo aceptar lo que se le ofrece. De este modo persistimos en que la responsabilidad de acabar con el problema recae sobre ella. En la teoría tenemos un discurso que en la praxis no se aplica. Si todas las declaraciones de organismos internacionales, todos los preámbulos de leyes estatales de todos los países miembros dicen reconocer que la violencia contra las mujeres es fruto de un sistema patriarcal y su solución política, por qué se pretende que cada presa de dicha situación endémica lo resuelva individualmente. Ni las víctimas, ni miles de profesionales con la mejor de las intenciones, podrán incidir en una lacra longitudinal de tamaña dimensión.

¿Cómo te ha afectado personalmente?

Ha sido la espoleta que me ha empujado a seguir investigando, modificar planteamientos y revocar certezas. Incluso cuando ha habido temporadas de absoluta desazón, o de simple agotamiento, nada me hizo dudar de que la respuesta no está en la implementación de servicios anexos. Ni la responsabilidad última en el victimario particular, que no es más que el cartucho ya disparado.

Después de tantos años de conceptualizar para poder ver, como dice Amorós que no se mira a través de los ojos sino de los conceptos, es cierto que ello influye en las relaciones con otras mujeres. No tanto porque una las ve, irremediablemente, sino porque ellas te miran ajena. Es culturalmente humano. Comprensible.

¿La violencia machista tiene características geográficas y/o económicas?

Como se dice en todos los documentos oficiales. Como se ha dicho a partir de las estadísticas de todos los países de todo el mundo, los informes de especialistas, los auto-informes, las diferentes macro-encuestas de victimización, a estas alturas se conoce que este problema que afecta específicamente las mujeres por el hecho de ser mujeres, está en todas partes. Ahora bien. Los datos policiales se sacan sólo del número de las denuncias registradas allí, como las del CGPJ, de las Sentencias y, de las encuestas tenemos estudios sobre la falta de ajuste metodológico. Podemos concluir que sabemos poco.

Por otra parte, la grabación de los casos de los que informan a los Servicios de atención atienden a mujeres mayoritariamente trabajadoras, llamadas desfavorecidas dentro del sistema económico capitalista. En los países más ricos norte-europeos, las mujeres denuncian más porque son conscientes de mayor tipo de acosos y se dedican más recursos para el seguimiento. A las Encuesta aparecen con más número de mujeres que han sufrido alguna agresión, no sólo a lo largo de su vida sino también el último.

En las sociedades emergentes es donde más casos relativos se registran y más cruentos. Hay tesis que lo quieren explicar con el período de cambio, movimiento de los lugares que están las mujeres desarrollando, suponiendo un terremoto para los hombres que se sienten perdidos en un mundo cambiante. Las mujeres, como género, tenemos un bagaje acumulado de supervivencia continuo, tanto en la abundancia como en la pobreza, los cambios dentro de la propia familia o del entorno próximo con lo que son ellas las que han hecho red para el cuidado que guardan para sus; bien sea por el intercambio de ayuda material, el acompañamiento emocional en las pérdidas y duelos, la creación de los lazos de amistad de los niños y su mantenimiento y otros acontecimientos de la vida cotidiana. Están más preparadas para los cambios, siendo aun aumentando la precariedad. No quiere decir que no lo sufrimos, es que no podemos hacernos atrás porque siempre, siempre, tenemos una u otra persona, o más, los moverá directamente la vida. Aquellas, pocas, que no son trabajadoras porque pertenecen a la élite, no están en las estadísticas de ningún tipo. Se está empezando a perder el miedo a decirlo a las investigaciones y hay trabajos que lo mencionan, que el nivel de estrés y de frustración es un factor, entre otros, que coadyuva el aumento de violencia contra las mujeres y otros colectivos llamados de alta vulnerabilidad.

A pesar de la legislación, continúan existiendo mujeres muertas a manos de les sus parejas. ¿Qué aspectos se deben trabajar y dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos?

La educación de la niñez es se lo que sería necesario que dijera. Pero me niego si no aclaramos primero a que nos referimos. No lo creo tal y como se está planteando porque tenemos experiencias diferentes de adoctrinamiento en las escuelas que no han hecho que hayan sido resultados perdurables. No ha crecido la Iglesia para que haya clases de religión católica en las escuelas de manera masiva y desde que el acceso a la escuela es universal.

La verdadera educación ni está, no lo ha sido nunca, los reductos a los que nos confinan desde pequeñas. Ni siquiera el de la familia tiene la incidencia que podemos creer. La cultura estructural es la que se impone y nos construimos en los valores esenciales de aquella sin necesidad de que nadie nos lo diga personalmente. Todo, todo lo que se nos inocula de cultural se transmite por todas las vertientes de la sociedad, además de la escuela y la familia, los medios analógicos o digitales, los ejemplos de relaciones establecidas, la forma de resolver conflictos internacionales, lo que es prestigio y lo que no lo es, ¿qué es el amor o qué significaciones van teniendo las enfermedades o el éxito en la vida, por ejemplo.

 

“Especialmente las mujeres vivimos precarizadas, se llama la feminización de la pobreza”

 

Dicho esto, queda mirar hacia el sistema de producción, donde la nuclear diferencia será quien ostenta su propiedad, una ínfima minoría, y quien sólo le queda la posibilidad de vender su fuerza de trabajo, al menos el propio cuerpo o el de sus hijas o hijos, tan sólo para la supervivencia. Y, ahora, en el estadio avanzado de este imperio, ni siquiera el dinero están relacionados con la capacidad de trabajo. Aumenta la clase trabajadora sumida en la pobreza. Especialmente las mujeres vivimos precarizadas, se llama la feminización de la pobreza, desde hace mucho tres décadas que nos acercamos a las vivencias del comienzo de la era del descubrimiento de la máquina de vapor, el inicio de la industrialización.

Debemos alimentar a la infancia, pero no se nos permite educarla. A pesar del esfuerzo que las trabajadoras hacen para seguir un modelo de ser familia aceptado, para que todos queremos ser integradas socialmente para poder identificarnos, no podemos cambiar, desde nuestra mínima zona de actuación. Puede haber quien llega a vivir con las necesidades cubiertas, pero nadie tiene de la mano la capacidad de transmitir otra cultura que no sea la estructural hegemónica.

El pensamiento crítico que se ha generado desde que, en la segunda mitad del siglo 20, las mujeres hemos entrar masivamente a la educación, ha generado un nuevo paradigma que se tambalea el tradicional y ya se está articulando mecanismos de neutralización por parte del sistema. Nos hacen creer que implantando una materia sobre igualdad en las escuelas se puede cubrir el expediente. ¡Pero si las propias escuelas están diseñadas según el modelo androcéntrico! Al igual que hace más de un siglo, cuando solo tenían acceso algunos niños. En todas las materias dicen que han sido hombres los que han hecho cultura, desde las matemáticas hasta la filosofía o las ciencias naturales. Esto no lo puede contrarrestar lo que se diga que hay que unas mujeres que destacaban, porque estas mujeres sólo confirman la realidad histórica de que las mujeres hemos estado de subalternas para el mantenimiento de la vida, silenciosas y invisibilizadas. ¿Cuántas personas tienen acceso al saber que sin el trabajo de franco (esclavo) de las mujeres, de ninguna manera se sostendría su sistema de iniquidad, económica, cultural, relacional? Pues, por nombrar sólo una, la investigadora del CSIC Mª Ángeles Durán lo ha demostrado.

Bien. aterrizando en concreto del aquí y ahora, está la oportunidad de que las mujeres sean cada medida, en planes o en programas de todos los ámbitos de la sociedad, que sean a las ruedas de prensa de cada día sobre la evolución Covidien-19 y tener información sobre la afectación a las relaciones también de cuidados, como se hace con la restrictivamente nombrada actividad económica. Saber que este personal de la primera línea en estado por mujeres en el 90 por ciento en todo el mundo. Ni que decir los centros de alimentación, las residencias de mayores y las de menores acogidos, o los cuidados a los domicilios particulares.

Hay mucho para escuchar de las mujeres, de todas las mujeres, legítimas portadoras de un discurso inclusivo que debe cambiar el paradigma caduco.

 

¿Cuál es la última actividad en la que has participado?

Mi actividad se diversifica entre la teórica y la empírica.

Acabo de dar una MasterClass, abierta por el momento de pandemia, sobre el qué y el cómo del Acompañamiento a mujeres víctimas de violencia de género en la Universidad Internacional de Valencia, para toda la comunidad hispano hablante.

Sigo haciendo asesoramiento. En este momento, de un plan de creación de apartamentos autónomos para mujeres maltratadas que deben salir de su entorno, del Ministerio de Asuntos Sociales de Argentina.

Nunca he dejado de seguir acompañando víctimas, en la medida que puedo, porque tengo que saber qué cambios reales producen las nuevas leyes y normativas y qué dicen ellas.

He terminado un manual sobre víctimas vulnerables para un máster nuevo y me encuentras preparando la asignatura que tengo que impartir a septiembre a otro sobre psicopatología criminal.

Para el activismo feminista, estamos haciendo los preparativos para convocar una reunión de la Asamblea Feminista 8m de Castellón, que es abierta a todos los colectivos alrededor de nuestras comarcas y de mujeres no organizadas. Esto del coronavirus nos ha retrasado bastante, y nos ha obligado a hacer actividades online.

Ha sido una experiencia interesante hacer encuentros y debates con feministas del otro lado del mundo. Hay proyectos como la de geolocalizar lugares de mayor peligro para las mujeres y hacer mapas de seguridad para informar a las autoridades e implantarlo a los planes urbanísticos de cada ciudad. Participan profesionales arquitectos, urbanistas, geógrafas, o de la criminología donde soy yo.

 

¿Cuál será tu próximo proyecto?  

Continuar en la formación y el seguimiento de casos. También hay un proyecto de supervisión de profesionales y voluntariado que llevan adelante tareas similares, aunque el recorte de los gastos a los servicios sociales puede ser lo dificulte en el inmediato.

Me hace especial ilusión reencontrarme frente a la formación, que no he tocado desde hace dos décadas, del cuerpo de Policía Local. Es un proyecto de la Federación LGTBI en Castellón. Los y las agentes de estos servicios públicos se encuentran, habitualmente, atendiendo mujeres victimizada por agresión machista en los primeros momentos. Viven situaciones de alto estrés emocional que deben contener y estar provistos de la técnica y los instrumentos adecuados.

A ver si hay sor este curso y se puede comenzar una tarea de investigación que refleje en su integridad la tesis de trabajo con víctimas de violencia machista: «en el momento en que una mujer pueda considerarse como sujeto activo de una historia que le concierne, obtendrá la posibilidad de intervenir »

 

 

 

 

 

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