Inici Espai Pandora El Maestrat durante las Germanías (1520-1521)

El Maestrat durante las Germanías (1520-1521)

per Redacció

Javier Hernández Ruano

Este verano se han cumplido 500 años de la derrota de las Germanías, la gran rebelión de los valencianos de comienzos de la Edad Moderna. De manera casi simultánea a las Comunidades de Castilla, puso en jaque al rey Carlos I (también en la actual comarca del Baix Maestrat) durante uno de sus momentos vitales más cruciales: el proyecto de coronarse emperador del sacro imperio romano germánico, que finalmente prevaleció. A día de hoy, prácticamente nada se ha hecho desde las instituciones para conmemorar un episodio tan trascendental para la historia de los valencianos. Sin embargo, las amplias repercusiones que en diversos sentidos tuvo aquella rebelión, protagonizada por una parte significativa de la sociedad valenciana de los albores del siglo XVI, bien merecían una mínima atención y reevaluación.

El 21 de junio de 1521, día en que fueron sofocadas las Germanías del Maestrat, habían transcurrido ocho meses desde que prendiera en Sant Mateu una rebelión que estalló en Valencia el verano anterior. La naturaleza de la sublevación armada, iniciada en la ciudad del Turia por unos menestrales y artistas dispuestos a acabar con un gobierno controlado por la oligarquía y la nobleza que consideraban despótico y corrupto, es bien conocida por los historiadores, pero no así por el gran público. En resumen, la rebelión tomó el control de la capital del Reino y se extendió por el amplio espacio rural valenciano, desplazando en muchos casos a sus autoridades e iniciando procesos de ruptura con el orden establecido. Llegó a extenderse incluso a Mallorca, donde se transformó en una cruenta guerra civil. Las ciudades reales se agermanaron una tras otra, a excepción de Morella, y esta excepción fue decisiva (al igual que el fallido sitio de Peníscola) para el debilitamiento de la rebelión en el norte. Durante año y medio, los sublevados mantuvieron a raya a los representantes de Carlos I hasta que a partir del verano de 1521 comenzó la contraofensiva realista desde el norte del Reino, que concluyó con la toma de la capital. A partir de entonces, una parte de los agermanados que aún resistían (esencialmente al sur de València) radicalizaron su visión y pretendieron transformar de raíz los fundamentos de la sociedad mediante planteamientos milenaristas igualitarios y antimudéjares.

La inquebrantable oposición de los sublevados a la autoridad virreinal y, en última instancia, al propio emperador, no pueden comprenderse sin considerar el contexto económico, muy deteriorado según el consenso general de los historiadores. La crisis que asolaba el Mediterráneo occidental desde comienzos del siglo XVI había afectado de manera desigual, pero en territorios como el Maestrat vell de l´Orde de Montesa la crisis se hizo sentir de forma notable, pues se superpuso a una decadencia que se remontaba a la segunda mitad del siglo XIV, especialmente grave en sus dos poblaciones principales, Sant Mateu (la capital) y Cervera, justamente los mayores centros agermanados de la comarca. La ininterrumpida pérdida de habitantes que padecía el Maestrat nos muestra el grado que adquirió la decadencia en muchas de las poblaciones rurales del norte castellonense, al igual que el gran movimiento migratorio resultante. Inmigrantes, principalmente valencianos, buscaron una segunda oportunidad en el Maestrat, pero también desde esa región se destató la emigración a zonas urbanas, singularmente a València. Dos de aquellos emigrantes del Maestrat deben ser destacados: el tejedor Guillem Castellví, alias Sorolla, mano derecha del pelaire Joan Llorens, líder e ideólogo de la rebelión, y el carpintero Miquel Esteller, capitán general. Sorolla era oriundo de Sant Mateu, y Esteller probablemente del Mas dels Estellers o Traiguera, población que habría dejado atrás junto a un hermano y un hermanastro que vivían en Vinaròs en la antesala del conflicto.

Fue Sorolla quien promovió entre sus antiguos paisanos sanmatevanos la adhesión a las Germanías en el verano de 1520 durante un viaje cuyo objetivo primordial era alcanzar obtener la adhesión de Morella. El castillo era esencial para garantizar el éxito de la empresa y tratar de extender las Germanías al resto de la Corona de Aragón. Sin embargo, sus autoridades rechazaron de plano la sublevación. Aparentemente, los menestrales proagermanados (probablemente los hubo) fueron una minoría que careció del ímpetu suficiente como para presentar resistencia a sus oficiales, y la villa se

Campanario de la arciprestal de Sant Mateu, donde resistieron<br /> los últimos agermanados del Maestrat en junio de 1521 (fotografía: Jordi Maura)

convirtió en un afamado bastión de Carlos I, una imagen de fidelidad que la propaganda local se encargó de perpetuar en diferentes crónicas. La consolidación de los insurrectos en la capital del Maestrat les permitió atisbar alguna esperanza de control del norte del Reino si finalmente deshacían la resistencia de Benicarló (donde se habían refugiado los comendadores de la Orden de Montesa) y del asediado alcaide de Peníscola. Sin embargo, ninguno de los dos objetivos, básicos para asentar el poder agermanado en el territorio, tuvo éxito. Abandonado el asedio de Benicarló, los comendadores se reorganizaron, iniciando la contraofensiva realista sobre Sant Mateu a comienzos de junio de 1521, apoyada por el afamado baile de Morella don Berenguer de Siurana. La caída de Sant Mateu el día 21 de ese mes supondrá un golpe definitivo a las Germanías del Maestrat. El símbolo de la expugnación de la villa y del empeño agermanado es, sin duda, el campanario de la arciprestal, donde se refugiaron los últimos resistentes. Nada evitó, en adelante, el dominio de las tropas del rey en el núcleo del señorío de Montesa.

La consolidación de los insurrectos en la capital del Maestrat les permitió atisbar alguna esperanza de control del norte del Reino si finalmente deshacían la resistencia de Benicarló (donde se habían refugiado los comendadores de la Orden de Montesa) y del asediado alcaide de Peníscola.

El subsiguiente ejército agermanado de socorro procedente de València, al mando del ya mencionado Miquel Esteller, fue neutralizado poco después de haber arrasado la aljama de los mudéjares de Xivert. Como se ha avanzado, la campaña de ese verano se saldó finalmente con la entrada de las fuerzas de Carlos I en la capital del Reino, pero los agermanados ofrecieron todavía una memorable resistencia en Alcira y Játiva hasta el año siguiente.

Se ha interpretado la lucha campesina y menestral en el campo durante esos meses como un fenómeno más del sempiterno conflicto entre señores y campesinos. Sin embargo, esta visión no se corresponde del todo con la dinámica de los acontecimientos en el Maestrat, donde hallamos una fenomenología relacionada con la oposición de los sectores más desfavorecidos frente a la oligarquía que controlaba los consistorios, y no tanto una lucha campesina contra la Orden de Montesa. Tampoco fue mayoría la sociedad del Maestrat que se involucró en la rebelión. Incluso en Sant Mateu, centro de poder de los rebeldes, estos fracasaron a la hora de aglutinar a una mayoría clara, ya que aproximadamente la mitad no se integró en sus filas.

Cervera desde su castillo, segundo foco más importante de las Germanías del Maestrat (fotografía: Jordi Maura)Sí es cierto que se involucraron buena parte de sus menestrales: nueve tejedores, tres pelaires, cuatro sastres (los oficios textiles fueron los grandes protagonistas), cuatro carpinteros, cuatro hostaleros, dos serradores, dos maestros, dos espaderos, un zurrador, un zapatero, un calcetero, un cordelero, un curtidor, un cantero, un tonelero, un pintor, un espartero, un correero, un cuartero, un obrero, un jurista y un notario. En las demás localidades donde hubo agermanados (Cervera, Benicarló, Càlig, Canet lo Roig, Salzadella, Traiguera y Alcalà de Xivert) el impacto fue menor. Los oficiales y consejeros de los consistorios (salvo siete consejeros de Benicarló) se decantaron por una clara declaración de fidelidad al rey.

En las demás localidades donde hubo agermanados (Cervera, Benicarló, Càlig, Canet lo Roig, Salzadella, Traiguera y Alcalà de Xivert) el impacto fue menor.

Por otro lado, la oligarquía que controlaba el poder, tanto desde dentro como desde fuera de los gobiernos locales, formada por ricos mercaderes, grandes ganaderos y notarios, con algunas excepciones en este último caso, se decantó casi sin fisuras por la defensa de un orden atacado por aquellos que pretendían sustituirlos bajo apelaciones generales a la justicia, la igualdad y la eliminación de los impuestos. El programa político heredado de los hermanos de la capital engarzó en el Maestrat con el ya descrito deterioro económico y la tradicional oposición de la oligarquía (en parte ganaderos y terratenientes) opuesta esta a los intereses de los agricultores, preocupados por la preservación de sus cultivos.

Derrotados los agermanados tras la capitulación de su último reducto en Alzira y Xàtiva en diciembre de 1522, proseguira la represión sobre los líderes y jefes militares, relanzada por la virreina doña Germana de Foix a partir de noviembre de 1523, al ampliar las condenas a muerte y las confiscaciones. En el Maestrat, pese a que los tribunales del maestre habían iniciado la represión mediante composiciones (multas), la justicia real juzgó por su cuenta a los encausados en 1524, a quienes sometió igualmente a diversas penas económicas según el grado de culpa y patrimonio, lo que suponía un doble castigo a las afligidas economías domésticas del territorio. Las consecuencias de todo ello se harán notar a lo largo de la primera mitad del siglo XVI, derivando en un prolongado estancamiento demográfico que no se superará hasta la segunda mitad del siglo.

No cabe duda de que las Germanías plantean cuestiones que siguen teniendo plena vigencia: la relación entre gobernantes y gobernados, las consecuencias del abuso del poder y la corrupción, las virtudes y debilidades de los sistemas de gobierno, las relaciones entre los poderes públicos locales y sus comunidades, las causas y consecuencias de las crisis económicas, el fenómeno de la migración y un largo etcétera de problemas que afectan a las sociedades contemporáneas. Las Germanías forman parte de la memoria colectiva de los valencianos, y solo por eso cabía recordarlas en su quinto centenario. El Centro de Estudios del Maestrazgo, con una trayectoria caracterizada por la investigación y divulgación de la historia y el patrimonio cultural de la comarca, se ocupará de esa cuestión en las Jornadas de Estudio que celebrará el próximo mes de octubre en Benassal, como parte de un encuentro dedicado a presentar un más amplio repertorio de estudios.

Javier Hernández es doctor en Historia y profesor de enseñanza secundaria.

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