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CONFINADO

per Alicia Coscollano Masip

Siete de la mañana. Puntual a su cita acude el desconsiderado pitido del despertador. Deja que siga sonando todos los días por inercia, porque nada le obliga a levantarse a esa hora precisa

Víctor Guillem

Siete de la mañana. Puntual a su cita acude el desconsiderado pitido del despertador. Deja que siga sonando todos los días por inercia, porque nada le obliga a levantarse a esa hora precisa.

El sol lucha con la neblina mañanera por imponer desde el horizonte su ley. En el aire flota un regusto amargo, a colilla quemada, a cenicero repleto. Miguel se despereza y se dirige medio sonámbulo a la cocina. Pone una cafetera al fuego mientras enciende un cigarrillo y trata de tirar del hilo para recordar más del último y plácido sueño del que solo recuerda vagos retazos.

 

Ya con su tazón entre las manos conecta la tele para ver las últimas noticias. Nada nuevo desde anoche. La gente sigue enfermando y sigue muriendo. Triste rutina. Funesta rutina. Pone en la vieja minicadena el CD con “Resistiré” de Barón Rojo y se zambulle bajo la ducha volviendo a cantar a voz en grito la misma canción de todos los días.

Habiendo acudido ya a la llamada de la higiene diaria se dispone a emprender lo que todo buen hispanohablante debería hacer al menos una vez en la vida: leer el Quijote. Tenía el libro desde hará un par de años, cuando se lo regaló su exnovia, y aún no lo había abierto. Esta es una ocasión inmejorable para hacerlo.

A la hora de comer mete una pizza en el horno porque enfrascado en la lectura se han esfumado las ganas de cocinar. Carbonara del Toboso con extra de queso de la Mancha.

A mitad tarde despedaza a bocados una manzana y hace unas abdominales para sentirse vivo. Hojea una vieja revista descoyuntada y se da otra ducha. Esta de cortesía. Sin apenas enjabonarse. Quizá debiera de ser así la de la mañana. Y esta con jabón.

Cuando se acerca el crepúsculo se prepara un sándwich mixto y lo acompaña de una cerveza bien fresca y cuatro almendras. Pone las noticias de nuevo y actualiza en su mente los datos del día: 5000 contagios nuevos, 500 fallecidos más. Las cifras mejoran poco a poco. Pero el miedo no pasa. La angustia se prolonga.

Zapea buscando una película para evadirse y se topa con “Kramer contra Kramer”, de Robert Benton. Una gran manera de despedir el día. Mañana vendrá otro nuevo.  Confinado. Otro día, confinado.

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