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Bando contra el fuego

per Redacció
Las autonomías han creado taifas en la gestión de casi todo. Un ejemplo: los últimos incendios forestales que se han producido en Castelló, Tarragona y Teruel. Cada autonomía ha hecho frente como ha sabido o podido al fuego y cuando se han visto desbordados han pedido ayuda a otras autonomías o al ministerio, a los vecinos… ¿a los vecinos? Si, a los vecinos.

En Horta de Sant Joan han aflorado las críticas vecinales porque “no nos dejan colaborar en la extinción, si nos hiciesen caso hubiese mejorado la eficacia”. Quien lo dice lo asegura con pasión, quien sabe si obcecado o no por ver su entorno pasto de las llamas. Comentarios semejantes se escucharon en el incendio de l’Alcalatén. Los pastores y masoveros se quejaron públicamente del nulo caso que se les hizo cuando trataron de realizar alguna observación sobre la extinción o las características del monte. 
Desde hace años, en la Comunidad Valenciana y también en Catalunya las autoridades evitan la participación de voluntarios en la extinción del fuego. Ante las llamas únicamente se exponen los profesionales de la extinción: digase bomberos o brigadas rurales de emergencia. Es la tendencia que es está extendiendo cada vez más en la lucha contra la devastación forestal. Pero como en todo hay excepciones, quien sabe si positivas o negativas, pero las hay.
Cantavieja (Teruel), jueves por la noche, el incendio de Aliaga avanza sin control, ya ha devastado miles de hectáreas. Suenan los altavoces del municipio. Llamada general para que todos los que se presten voluntarios ayuden en las tareas de extinción del fuego. Se presentan cien vecinos que, en plena noche, marchan hacia las llamas, en solidaridad con sus convecinos. Cantavieja tiene 800 habitantes. Lo mismo sucede en Fortanete. 50 vecinos de este pueblo marchan hacia las llamas para ayudar a los equipos de extinción. Los voluntarios trabajan noche y día, colaborando con los medios oficiales. Cuando se marchan no saben cuándo volverán y a qué se enfrentarán. Cuando llegan a los puntos calientes son, para los exhaustos oriundos que también han participado en la extinción, como Bienvenido Mister Marshall. La realidad de la provincia de Teruel responde a pueblos con pocos habitantes y muy diseminados. 
Ni en Onda, ni en Segorbe, ni en la Vall de Gallinera, ni en Horta de Sant Joan los voluntarios contra el fuego han jugado papel alguno. Ahora el debate es saber si los voluntarios aportan o no ayuda a la hora de hacer más efectiva la extinción. En Villarluengo (Teruel) aseguran que si el incendio avanzó era porque “durante muchas horas no había ningún medio de extinción luchando contra las llamas”. Atrás han quedado los años en los que las campanas llamaban contra el fuego y los vecinos acudían con rastrillos y palas para extinguirlo. La imagen todavía se ha visto en pueblos del interior de Castelló y Teruel hasta,al menos, los 80. Las campanas cambiaron por el bando, pero la voluntad de los que se presentaron era la misma que la de sus antepasados. Todos sienten el monte como propio. 

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